284 - ¡QUE SEREMOS! novena parte
¡QUE SEREMOS!
(Parte de la dinámica del pensamiento)
Ensayo 171
(Novena parte)
Se
había difundido y extendido
el
comentario entre los demás alumnos
“que el
profesor estaba dictando charlas,
y
respondiendo preguntas a las inquietudes,
confusiones
y dudas existenciales que
llevaban
a los alumnos a preocupaciones,
desasosiegos,
depresiones y malestar en general”.
Esta
divulgación, esparcida entre el alumnado,
contagió,
irradió y trasmitió
un
notorio interés entre esos adolescentes,
y la
novedad produjo una concurrencia,
sobre
todo en aquellos temas afectados
¡de incertidumbre y confusión!
unida a
esta etapa de transición suigeneris
del
adolescente
donde
nacen crecen y se desarrollan grandes temores
vinculados
a la madures humana por venir,
llena y
saturada de indecisiones, dudas e inseguridades
envueltas en indeterminaciones, irresoluciones
y vacilaciones
que
conducen a esa edad,
a
estados especiales de perplejidad,
incerteza,
volubilidad y mucha fragilidad
existente
en esa delicada edad.
Ese día
al terminar la clase,
varios
alumnos le solicitaron al profesor
que se
quedara porque ellos querían
hacerle
algunas preguntas
y al
mismo tiempo refutarle otras
que no
entendieron en la clase anterior.
De
inmediato el profesor
aceptó
la invitación y dijo:
"!pues adelante!
haré
todo lo posible por ayudarlos
a
esclarecer su mundo de percepciones
y
procuraré atender a todas las preguntas por igual,
porque son
casi siempre relativas al observador”.
Un
alumno de inmediato se levantó
y
respondió ansiosamente:
“¡muchas
gracias profesor!.
Deseamos
que nos definiera con precisión,
claridad,
certeza y puntualidad!:
¡qué es el “Yo”!.
¡Además
háblenos de ese “Yo”!
y al
finalizar permítame hacerle algunas preguntas
sobre
su exposición”.
De
inmediato y con mucha paciencia
el
profesor respondió agregando:
“Esa
pregunta es muy sencilla, precisa y fácil,
pero al
mismo tiempo es complicada, indefinida y difícil,
pues está
saturada de incertidumbre e
indeterminación,
porque
su respuesta es relativa y acomodaticia al
observador
que preguntó y depende de lo que a él
¡le enseñaron y aprendió!
en esa
tempranísima edad de oro
¡de su escenario infantil!,
y esa respuesta es totalmente relativa.
A mí me
obliga mi profesión,
a responderle
con el saber científico comprobado.
No podré
nunca vincularlo
al saber religioso,
enseñado
en esa edad
donde lo seres se encuentran en indefensión total
respecto
al razonar y al reflexionar.
También
podría decirle,
en el
argot y jerga popular, más ampliamente:
“que la
respuesta y su interpretación es
¡totalmente relativa y acomodaticia!
a la
formación de cada ser
dentro de su saber,
¡a lo
que le enseñaron y aprendió!
en esos
incipientes tiempos
durante el nacimiento del guion de vida
donde todo lo que le enseñaba lo aceptaba…
nunca cuestionaba, ni razonaba ni reflexionaba
“solo acataba y grababa en su memoria”.
El “yo” está fuertemente asido y apresado,
invadido
y aferrado inseparablemente,
¡permanente e incesantemente!
¡por las creencias religiosas!
grabadas
en nuestra mente como
¡una verdad absoluta!.
¡No aceptaba ninguna crítica ni razonamiento!.
¡Es una verdad incuestionable!,
por eso
es muy complicado, complejo y enredado
hacer
una definición válida para todos al mismo tiempo.
Una vez
aclarada la amplia interpretación
que
pueda tener el concepto del “yo”.
Paso a
cumplir mi deber de profesor,
apegándome
a la definición e interpretación
científica comprobada
¡del “yo”¡.
Comencemos
entonces:
¡el “yo” no es material!
¡es virtual, irreal y abstracto!
Es una
fantasía relativa al observador.
“Es totalmente aprendido impredeciblemente”,
es
consecuencia y síntesis abstracta
¡de la enseñanza-aprendizaje!
eternamente
relativa al saber.
Forma
parte inamovible e inmodificable
¡del guion de vida!
duradero
eternamente para toda la vida
que
guía al ser desapercibidamente
durante
toda su existencia,
sin que
él lo advierta.
Tengo
la obligación de manifestarle,
que
todas estas preguntas y refutaciones
son muy
cuestionables
y
generan muchísimas reacciones en todos los seres,
porque ellas dependen casi exclusivamente
de la enseñanza-aprendizaje que tuvieron,
y
nosotros tenemos que asumir con entereza
todas
las críticas, reacciones y oposiciones
que
cada persona formule.
¡hay que comprender y aceptar todas!
las erradas definiciones disimiles¡
por respetar la libertad de credo!
Todas
las grabaciones mentales de todas las vivencias
que se
dieron en el vivir cotidiano del ser,
incluyendo
su escenario mental infantil
están
formando parte del “yo”
directa,
indirecta y circunstancialmente
en su
vigilia y oníricamente,
aunque
el ser no lo quiera admitir.
¡Ese “yo” es discontinuo!,
¡surge y adquiere conciencia de sí mismo!
de
manera intermitente
sin que
el ser lo advierta.
A todos nos trascurre la vida
por
impulsos de “activación y cesación intermitentes”
indefinidamente.
No hay continuidad ni seguimiento,
es un “yo” totalmente intermitente
funciona
solo por impulsos aislados y separados,
por
fracciones de segundo el uno del otro,
pero el
ser humano lo advierte todo como continuo,
las
interrupciones son siempre intermitentes
y con
la misma frecuencia.
Hago
extensivo esto a todas
las
funciones del cuerpo humano.
Todas
tienen los mismos comportamientos y definiciones
“que he hecho para el “yo”,
para la
circulación de la sangre,
para el
sentir y el pensar,
para el soñar, para el ver y el mirar,
para el
olfato y para el tacto,
para toda la vida,
para
toda la materia,
para la
tierra,
para
las galaxias,
para el cosmos y para el universo.
Inclusive
extiendo esta definición
al micro mundo interno celular,
a todos
su átomos que lo forman,
a su soma celular,
a todas
las inclusiones citoplasmática y
celulares,
a todas
las partes integrantes atómicas,
a todos
los protones, neutrones y electrones,
a todas
las inclusiones sub-protónicas y sub-neutrónicas,
a todos
su electrones y fotones…,
a toda
la energía que late y transcurre
discontinua e intermitentemente
y a grandes velocidades.
¡Somos unos seres que estamos vibrado continuamente!
con sensaciones y percepciones de continuidad
que
jamás podemos advertirlo.
¡Así está hecha la vida!
¡y así tenemos que admitirla y aceptarla!.
Como un estado permanentemente vibratorio
transitorio y
perecedero,
de la materia formada
por átomos
y otras partículas sub atómicas
aisladas y separadas
entre si
que nunca se tocan.
Ningún átomo puede tocar a otro átomo,
siempre
hay y existe un espacio vacío entre uno
y otro,
¡entre un átomo y el otro átomo!
ellos
se comunican a través de saltos
por
impulsos a distancia
dentro
de un espacio vectorial electromagnético
saltando siempre de átomo en átomo,
como paquetes de energía,
¡así se comunican!
Aunque un dedo de nuestra mano,
esté presionando a una mesa de hierro,
ningún átomo del dedo estaría tocando
a ninguna átomo de la mesa.
Entre el dedo y la mesa siempre existiría un vacío
inexplicable,
por el cual salta el paquete de energía desconocido.
Un ser humano es una eterna vibración
discontinua
y permanente.
Podríamos
decir
que los
seres humanos son un
“estado total vibratorio”
“de pleno movimiento”
que
nunca se detiene y que siempre actúa
“como saltos mensajeros”
entre partículas y partículas.
Entonces
el “yo” solo es una sensación abstracta,
es una
eterna discontinuidad,
entre
todos sus átomos que lo forman,
lo que
ocurre es que nosotros lo percibimos ficticiamente,
como
una sensación de continuidad
porque la frecuencia en que vibran
es
muchísimo mayor que la frecuencia
que
podemos percibir
y esa
diferencia produce ficticiamente
la
sensación de continuidad.
En fin,
el “yo” es una sensación abstracta
de una fantasía de continuidad
imperceptible entre nosotros.
Cada
átomo se encuentra y está eternamente vibrando solitario,
nunca
toca a otro átomo
aunque
este formando el mismo cuerpo,
y está
compuesto por un núcleo
donde
se hayan los protones y neutrones,
y
dentro de estos se encuentran los quarks
y gluones
que son
otras partículas mucho más pequeñas
que
también están continuamente vibrando
¡nunca
se detienen!
¡ni
tampoco pueden estar aislados!
¡ni afuera
de los protones y neutrones!
¡están
permanente presos dentro de ellos!
durante
toda su eternidad.
Cuando
se hacen chocar dos átomos entre sí,
se
produce un estallido donde se irradia
un
grandísimo número de sub-partículas
que no
podemos precisarlas ni comprenderlas todavía
y
muchas de ellas tienen una vida cortísima
“de
fracciones de segundos”
y
muchísimos más pequeñas aun “casi cero”.
Es como
si existiese otra tabla periódica
para las partículas sub atómicas existente
dentro
del núcleo del átomo,
que
todas están vibrando al mismo tiempo,
¡que se
pierden de vista!
por su
insignificancia en tamaño y carga,
que son
totalmente inaccesible a nuestra percepción.
Pero si
aplicamos el concepto
de inferencia en los fractales,
podríamos definir que la teoría de fractales
repite
todo el proceso indefinidamente
desde
el macro universo
hasta
el micro cosmos atómico y sub-atómico
indetenidamente
hasta llegar a la Nada,
concepto
es abstracto que por ahora no lo podemos entender.
Interrumpe
el alumno que realizó,
la
pregunta inicial en forma inesperada:
¿qué es
el “yo”?
y dice:
profesor
yo no esperaba una respuesta
tan
amplia y extensa como la que acaba de hacer.
¡estoy asombrado!
se me
han abierto muchas preguntas en mi mente
al
igual que muchas explicaciones adicionales.
He
grabado toda su charla,
debo
estudiarla detenidamente
y
analizarla con varios compañeros de clase,
le
ruego que continuemos la próxima semana,
después
de digerirla y estudiarla a fondo.
El
profesor interrumpe al alumno y dice:
“ya yo
sabía que ustedes me irían a plantear esto”.
Les doy
las gracias por su asistencia
y nos
veremos la próxima semana,
que con mucho gusto esperaré sus preguntas.
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¡QUE SEREMOS! (Parte de la dinámica del pensamiento) Ensayo 171 (Novena parte) Jesús Riquelme Senra 11-09-2025 |
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